Tanto se ha escrito de Héctor Bernardo Roco Lucero, que hacerlo puede resultar un ejercicio reiterativo; pero nunca cansador. La historia del que es uno de los jugadores más emblemáticos en la historia del club, es conocida por todas las generaciones de seguidores albirrojos.

La extensa detención que ha provocado la Pandemia del Covid – 19, ha abierto la puerta para que el sitio oficial albirrojo pueda darles tribuna a jugadores que, en distintas épocas, dejaron su impronta en el Uní Uní.

En esta ocasión quisimos conocer al ‘tito’ Roco más íntimo. Ese que por ejemplo no esconde su profunda emoción cuando se entera de la muerte de Sergio Marchant, una noticia que supo precisamente al momento que esta nota se estaba produciendo. “Era (Marchant) un gran tipo, un caballero. Que pena que haya partido; cuando yo daba mis primeros pasos, el a pesar de su juventud ya era un jugador reconocido y respetado en la interna del equipo. Siempre me apoyó, no solo a mí, sino que a todos los chicos que íbamos dando pasos hacia adelante”, recuerda este referente que, como pocos, sabe de éxitos rutilantes en sus dos etapas que vistió la casaquilla del ‘Gigante del Aconcagua’.

Héctor, no todos los jugadores pueden contar éxitos en el inicio de su carrera y después en su última parada antes del retiro¡

“Mis inicios fueron maravillosos. Para mi todo fue muy rápido porque en mi primera estadía logré ascender muy rápido. Después partí e hice un periplo exitoso en equipos como: Naval, Everton y la Unión Española. El 2000 decidí volver básicamente porque sentía la necesidad interior de reencontrarme con mi gente, además que se hizo un equipo con muchas pretensiones que bajo la dirección de Raúl Toro se puso como misión volver a Primera”.

¿Por qué crees que el romance entre tú, la hinchada y el club parece eterno?

“Tengo la suerte que la gente me quiere por lo que hice en todos lo clubes en que estuve. San Felipe es distinto, porque ando en la calle y comparto con todos. Nunca niego una conversación a nadie. Hoy por ejemplo estoy en un proceso muy atractivo en el club en la formación de los jugadores más pequeñitos”.

¿Con cuál de los éxitos que tuviste en el club te quedas?

“Me cuesta decidirme por uno. El 88, Hernán Pérez Quijanes (QEPD) nos metió la mística que todos recuerdan. Éramos pura pasión, amor a la camiseta. En esa oportunidad la mayoría del plantel éramos cabros chicos que no nos dábamos cuenta de lo que estábamos haciendo. La clave fue que disfrutamos mucho jugando. El 2000 también fue hermoso porque ya volví ‘hecho’, y con la parte económica resuelta. En esa ocasión Toro me dijo serás el Capitán y tendrás que hacerte cargo de los chicos. Ahí me hice cargo del ‘Guagua’ Víctor González(risas). Ese plantel era de peso, y después se le dio aun más con la llegada de Jorge Pérez y Miguel Ángel Romero. Fueron épocas muy distintas, ya que en una éramos la sorpresa del torneo y en la otra el equipo a vencer”.

¿Concuerdas con que la campaña del 2000 es la que Unión San Felipe ha llevado más gente al estadio?

“Ese año fue notable en cuanto a la gente que iba al Municipal. Jugábamos los sábados en la noche a estadio lleno. Tenía hasta una barra propia(risas). La hinchada se sentía muy identificada con ese equipo”.

Jugaste cientos de partidos ¿hay alguno que recuerdes sobre el resto?

“El 2000 con Linares. Fue impresionante. Había niños(jugadores) que estaban nerviosos porque era un partido clave que lo ganamos en el último minuto con un gol de ‘la bruja’ Romero. Fue una locura porque la gente lanzó muchos cojines a la cancha. Me acuerdo y me emociona retroceder a esa noche”.

Dicen por ahí que en tus inicios eras delantero. ¿Quién fue el entrenador que descubrió al defensor?

“Yo llegué al club a los 10 u 11 años y jugada adelante. Fue Boris Canales el que un partido contra la UC en Santiago decidió ponerme atrás para contrarrestar a jugadores muy fornidos como por ejemplo lo era Luca Tudor”.

¿Y quién te ascendió al plantel de honor?

“Fue Salvador Gálvez, quien en una ocasión me llamó y dijo. ‘Roco ya se acabaron las enseñanzas y el aprendizaje, así que ahora iras a Concepción y marcarás a Gino Cofré. Tenía recién 16 años. Era un niño, tanto que lo único que quería conocer era el estadio y enfrentar a Gino Cofre que tenía fama de bravo y fornido. Vi el estadio y no quería entrar(risas). Empatamos, y en lo personal aprobé. Ese duelo fue fundamental en mi carrera porque comencé bien”.

¿Alguna anécdota que recuerdes?

“En mis inicios fui goleador. Recuerda que tenía muchas condiciones para anotar de cabeza. Hubo un tiempo en que si había un córner o tiro libre la gente golpeaba con los pies los tablones porque pensaba que podía anotar. Con Juan Durán, que le pegaba como los dioses al balón siempre había un ritual antes de cualquier pelota parada. Le decía ‘Juanito al segundo palo’, y siempre resultaba. Una vez contra Arica repetimos la historia; salió gol, pero en esa oportunidad fue la pelota la que me pegó a mí y entró. Fue divertido porque todos celebraban y me abrazaban, mientras yo estaba aturdido sin tener idea que pasaba(risas). La verdad fueron momentos maravillosos”.

Eres un privilegiado al conocer por dentro las dos realidades del Uní Uní. ¿Con cuál te quedas?

“Debo ser sincero. Las dos etapas fueron hermosas. Antes las cosas eran a pulso, con mucho compromiso de los dirigentes que debían hacer enormes sacrificios para poder sostener el club. Ahora y sin exagerar creo que Unión San Felipe es un equipo que desde los institucional puede considerarse grande al tener un Complejo extraordinario”.

¿Cómo llegó la oportunidad de dirigir el primer equipo?

“Hicimos una gran campaña con el equipo juvenil, coronándonos campeones regionales, venciendo a potencias como Everton y Santiago Wanderers. La semifinal del torneo fue en San Carlos de Apoquindo ante la UC y nos ganaron, pero entre los espectadores estaba Raúl Delgado y no dudó en darme la responsabilidad de tomar el primer equipo. Creo respondí porque gané 7 partidos, perdí 1 y empate 2”.

¿En retrospectiva te arrepientes de haber renunciado?

“Mi gran error fue no haber entendido los cambios que se estaban generando en el fútbol chileno con la llegada de las Sociedades Anónimas. Yo venía de otra escuela.

¿Te ha picado el bichito para volver a dirigir un cuadro adulto?

“Sinceramente no. Ya quemé todas las etapas y he vivido todo lo que hay que vivir en el fútbol. Ahora siento mucha vocación por el tema formativo. Me gusta mucho ser un captador de talentos. Se que soy un buen entrenador. Yo respeto a todos, además que en las series inferiores tengo la posibilidad de trabajar al lado de grandes profesionales como: Rodrigo García, el ‘kike’ Acuña, Nicolás Suarez, mi hijo Héctor, el ‘pato’ Rivera y el profesor Pedro Pino, por nombrar a algunos. De todos ellos yo aprendo”.

Fuiste dirigido por los mejores entrenadores de Chile. ¿Quiénes te marcaron?

“Todos los que estuvieron en mis inicios: Boris Canales, Salvador Gálvez, el ‘sapito’ Andrade y Luis Quezada. Ya cuando estaba más grande, todos me dejaron algo; así que no quiero pecar de injusto”

Volviendo a tu etapa de jugador da la sensación que tu retiro fue imprevisto ¿Estás de acuerdo con esa apreciación?

Antes de responder se toma un tiempo y respira profundo antes de dar a conocer uno de los momentos más tristes de su carrera deportiva. “Mira nunca hablo mal de las personas, menos de los que me dieron la posibilidad de haber vuelto al club el 2000. Fue en el partido con la U en el Nacional. Recuerdo que jugué de manera feliz, casi como un niño. Tal vez presentía que era mi último partido. Fue sustituido al minuto 58; ganábamos 1 a 0, y casualidad o no, perdimos 2 a 1. Después nunca más vestí de corto. Quizás el destino quiso que mi adiós fuera así, porque mirando hacia atrás lo veo como algo lindo y al mismo tiempo triste”.

¿Te gustaría un partido de despedida donde pudieras reencontrarte con algunos compañeros?

“Hay algunos que solo podrían vestirse de corto porque les cuesta hasta caminar(risas). Quién sabe si algún día me aventuro, llamo a mis amigos y hacemos algo. Sería lindo poder juntar a las generaciones del club que subimos el 88 y el 2000. Creo a la gente le gustaría eso”.