Julio Enrique Tapia Martínez, es uno de los jugadores más conocidos de la histórica campaña de 1988. La cuida tubos tiene a su haber el hándicap de haber sido el único elemento que jugó la totalidad de minutos durante dicha temporada, en la que un grupo de muchachos se encargó de demostrar que cuando se juega con vergüenza deportiva y amor a la camiseta. Todo es posible.

Nacido en la comuna de Santa María un 26 de julio de 1965, el ex jugador ahora convertido en un exitoso mueblista, no escondió su alegría y emoción cuando el sitio oficial albirrojo lo contactó para hacerle la entrevista que ahora nuestros lectores disfrutarán. “Es muy lindo darse cuenta que se acuerdan de uno. Más todavía cuando se trata de jugadores que hicimos cosas importantes y que dejamos todo en la cancha cuando nos correspondió defender a Unión San Felipe, equipo del que además soy hincha”, nos dijo el ex golero al momento de abrir el dialogo.

-Julio ¿Cuándo llegaste a Unión San Felipe?

“El año 1979 llegué. Partí en la segunda infantil, pero venía de jugar en Unión San Felipe Amateur, que en ese entonces jugaba en una liga laboral; de ahí salté a los cadetes. Mi ingreso coincidió con el inicio del torneo nacional en inferiores. Imagina yo un huaso(risas)llegué al Estadio Nacional como parte de la delegación del club que participó en la inauguración de la competencia que hasta ahora se realiza”.

-Hagamos un ejercicio de memoria ¿En qué año debutaste como profesional y contra quién?

“El año 1985 por el torneo de la Primera División, en un partido preliminar contra Palestino en el estadio Santa Laura. De fondo jugaba la U contra Coquimbo Unido. Me fue mal porque perdimos 4 a 2. Me hizo 2 goles Cristian ‘Cepillín’ Olguin, al que después tuve como compañero de equipo y siempre me recordaba eso. Entré en el segundo tiempo en reemplazo de Jesús Osvaldo Borzi, al que Oscar Fabbiani le había hecho 2 goles de tiro libre”.

– ¿Cuándo te llegó la responsabilidad de ser titular?

“La temporada del 86; de ahí no salí nunca más. Tuve como compañero a Mauricio Sepúlveda, un gran tipo”.

– ¿Concuerdas cuando se dice que el equipo del 88 protagonizó un verdadero milagro deportivo al subir?

“De todas maneras. Mira te contaré que cuando llegó el ‘profe’ Rolando García, en su primera charla con el plantel nos dijo. ´Niños vengo acá para que no descendamos´. Fue muy claro, pero nosotros éramos distintos y sentíamos mucho la camiseta; comenzamos a meterle y meterle hasta que nadie nos pudo parar”.

– ¿Desde tu perspectiva cuál es la diferencia de ese ascenso con otros que ha tenido el club durante su historia?

“Que era un equipo 100% sanfelipeño y formado en casa. Después se sumaron Eugenio Figueroa y el brasileño Benedicto Pereira. Creo que algo así nunca más se repetirá, porque es muy difícil que un grupo de muchachos haga algo similar. No sé si en Chile otro equipo ha hecho algo igual; a veces pienso en lo que hicimos, y cuesta dimensionarlo porque la verdad fue algo muy grande”.

– ¿Cuál fue la receta?

“El amor y el fanatismo que teníamos por el club. Nada más. En ese tiempo no ganábamos ni plata, Si recién yo vine a ganar algo fue cuando jugamos en Primera División. Acá nunca se ganó dinero. Te doy como ejemplo el de Hernán Pérez Quijanes, que fue un ídolo, llegaba a los entrenamientos en bicicleta. El resto lo hacíamos en micro”.

– ¿Sientes que las cosas han cambiado mucho?

“De todas maneras. Antes por ejemplo existía un respeto enorme por los más grandes. Si uno te decía ‘oye chico anda a buscar la pelota’, tu debías ir apuradito para que no te retaran. Ahora haces eso y te mandan a la punta del cerro(risas). Antes había mucho sacrificio, y para la gente no era raro ver a algún jugador trotando por las alamedas o subiendo un cerro. Ahora la cosa es más relajada; a veces creo que se hace demasiado fácil jugar”.

– ¿Tuviste alguna opción de ir a otro club de Primera División?

“Juanito Sabaj, fue el responsable que yo no me hubiera ido(risas). En su momento me hablaron de la UC, Colo Colo, Cobreloa y O’Higgins, pero Don Juanito nunca quiso soltarme. Pedía mucha plata por mi pase. Las únicas veces que salí fue cuando fui a préstamo a Fernández Vial y Magallanes”.

-Julio ¿Por qué te retiraste tan joven?

“Es que mi tema siempre fue ser frontal, y eso me hizo tener problemas con los dirigentes. Una vez me alteré y dije ‘no juego más’. A los 30 años me retiré. Ahora me arrepiento y me doy cuenta que el orgullo no sirve de nada. Ese es un consejo que puedo darle a los niños para que no repitan errores que uno cometió”.

-Retrocedamos al 89 – ¿Te has cuestionado el que ese equipo haya durado una sola temporada en Primera?

“Es que nos robaron. No puedo darle otro calificativo a lo que pasó ese año. Recuerdo que se jugó una liguilla en Viña con Magallanes y Santiago Wanderers. Debíamos jugar un partido más en Santa Laura, pero hubo un ‘arreglín’ para que se jugara en Sausalito, que en esos tiempos tenía más capacidad que el actual. Fuimos visitantes, e igual hicimos un gran partido, pero la orden parece era que Wanderers no bajara, y nos expulsaron 2 jugadores y ahí nos pasaron por arriba. Si no nos dejaban con 9 en cancha, ganábamos ese partido”.

– ¿Cuál es la recompensa que te dejó el fútbol?

“El cariño de la gente. Cuando voy a San Felipe lo siento porque la gente todavía me saluda y recuerda lo que hice por el club; incluso los más jóvenes que han escuchado hablar de la campaña del 88´”.

– ¿Alguna anécdota que recuerdes?

“Siempre fui enamorado cuando joven. Una vez jugamos contra Colo Colo y de enamorado me quedé en San Felipe. Después debí caminar 2 horas para llegar a mi casa en Santa María. Imagina jugar contra Colo Colo en Santiago con todo lo que eso significa, y después a ‘pata’ camino a casa. Antes las cosas eran así. No había recursos”.

– ¿Algún partido que te haya marcado?

“Sin lugar a dudas el que jugamos con San Luis en el Municipal cuando subimos. Fue muy lindo ver el estadio lleno, quizás como nunca. La hinchada estaba eufórica, porque se había identificado mucho con ese grupo. En mi caso fue mucha gente de Santa María a verme jugar; ese es un recuerdo que jamás podré borrar. Tampoco se me olvida que en la recaudación dijeron 2500 personas (muchas risas). Ese era un clásico en San Felipe”.

– ¿En ese tiempo los clásicos eran un partido aparte?

“Creo que lo peor que pudo pasarle a Unión San Felipe fue que Trasandino perdiera la categoria. El tener un rival clásico obligaba a potenciar el equipo porque había que ser mejor que los andinos; no podíamos perder y gracias a Dios nunca me tocó caer con ellos. Es una pena que los más jóvenes no puedan disfrutar de un espectáculo hermoso que paralizaba a las dos ciudades”.

– ¿Algún mensaje a la hinchada?

“Que vuelva a ser incondicional del actual equipo como lo fueron de nosotros. Te vuelvo a decir que les agradezco todo el apoyo que nos dieron. En lo personal siento que el gran premio que me dejó el fútbol fue el cariño de la gente”.

– ¿Y a los niños del Uní Uní que les puedes decir?

“Que sean perseverantes y que nunca claudiquen en ir por su sueño. Esto es sacrificio y mucho trabajo ya que de otra forma no se llega a ser un futbolista profesional”.